Si ahora les digo que hay muchos perros en Ecuador, más de un lector dirá: empezando por ciertos lacayos y politiqueros que vemos a diario. Todas las ciudades están plagados.
Este siempre ha sido un país de mucho perro. Pero ahora más que nunca y a las cifras remito: En Ecuador, según el último censo del Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC), hay aproximadamente 7,6 millones de perros y gatos. De estos, 5,2 millones son perros.
Estos animales nos invaden de verdad, y que decir en nuestra parroquia de Gualel querendona de perros; conocí un caso extraordinario, una sola familia tiene 19 perros. No hay alimento, a penas un poco de «sobras» de comida familiar y con una «leona» se lanzan a rebuscar en la basura, robar, morder, deambular y llevarse algo a la panza o salvarse como puedan.
Es una de las mascotas que están invadiendo los parques, mercados, jardines, basureros y calles en los campos y la ciudad. Son una amenza, decía mi abuela que todo perro hambriento es ladrón y mordedor. Es su supervivencia. ¿Porqué han venido? Por la afición de tener una perrito en casa, que lo han pedido los niños. Después nos cansamos del perruño, lo abandonamos, y ahí están los efectos. Cuando quieren en el calor y en el frío se reproducen de tres y hasta diez.
Pero ahora con el cambio climático, al parecer se reproducen más o mejor. Son una auténtica problemática de salud pública. Sólo en Loja y su cantón, Comisaría de Salud tiene que luchar contra estos callejeros que aparecen como nuevos problemas de salud comunitaria. Esa lucha cuesta miles de dólares, entre alimentación y campañas de esterilización al ayuntamiento local y al Estado. Y es que toda irresponsabilidad del hombre trae consecuencias funestas y viene con ganas de quedarse y provocar inseguridad y peligro. Parece aún muy lejano a nuestro entorno la reflexión de Gandhi cuando decía: que la grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser medidos por la forma en que sus animales son tratados.
En la economía, el dólar acabó con el Sucre. El reguetón está eliminando al sanjuanito. Las baratijas chinas nos inunda. O sea que, como leen ustedes, no sólo nos invaden la ´pizza, la hamburguesa y las noches de Hallowen. También en perros, gatos, ratas y bullados casos de corrupción somos un territorio de invasión.
Por: Franco Angamarca S.























